Nuestra historia
Empezó con una cafetera vieja y mucha curiosidad.

En 2014 abrimos un pequeño local en una calle tranquila del barrio de las Letras. Queríamos un sitio donde el café fuera el protagonista, sin prisas y sin gritos.
Hoy seguimos siendo una familia de cinco personas. Tostamos cada lunes, horneamos cada amanecer y conocemos a la mayoría de quienes cruzan la puerta por su nombre.
Si nos preguntan qué hacemos, decimos esto: cuidamos un oficio.
Origen directo
Viajamos cada año a las fincas con las que trabajamos. Pagamos por encima del precio de mercado y compartimos las catas con quienes producen el grano.
Etiopía, Colombia, Guatemala y, desde el año pasado, una microfinca en Honduras que está dando algunos de los cafés más bonitos que hemos probado.

